Revista de Attos

Volúmen #9, mar/2005

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Immanuel Velikovsky

El Arcoiris y el Tiempo

Por Attos


Ensayo publicado en el volúmen #9 de la revista de Attos de marzo de 2005 en donde delibero acerca de la similitud entre un arcoiris y el concepto del tiempo por cuanto ambos son de naturaleza imaginaria.
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Desde que era niño me ha gustado ver los arcoiris. Y me dá gusto no ser el único. No conozco nadie a quien no le gusten los arcoiris. Tampoco conozco a nadie que no haya visto al menos uno en toda su vida. Aún cuando en la escuela me enseñaron la manera como se forma un arcoiris, nunca ha dejado de fascinarme ese tema como si fuera algo mágico. Lo fascinante no lo encuentro tanto en la mecánica para su formación, sino más bien en los hechos alrededor de él.

Una de las primeras cosas que aprendí acerca de los arcoiris es que no hay ningún recipiente con monedas de oro al final de ellos. Después aprendí, incluso antes de que me lo explicaran en la escuela, que los arcoiris desaparecen de la vista si uno cambia de lugar. Encontré también que si uno vuelve a la ubicación anterior, el arcoiris se vuelve a hacer visible para uno. Esto último es más sorprendente y revelador de lo que parece a simple vista.

Lo sorprendente lo encuentro en el hecho de que el arcoiris existe. ¿O no? A mi siempre me han dicho que los arcoiris existen, y aparte yo creo que eso es cierto porque yo mismo los he visto. ¿Tú qué piensas? ¿Existen los arcoiris? ¿Qué nos hace pensar que existen? ¿Hay algo allí hacia donde volteamos a ver y percibimos algo a lo que llamamos arcoiris? ¿Hay algo en verdad allí? ¿Qué es lo que hay "allí"? Yo sólo sé que hay aire, agua, y luz. ¿Pero no es acaso eso mismo lo que hay en otros sitios en donde no vemos ningún arcoiris?

El punto aquí es que decimos que el arcoiris existe sólo porque podemos percibir algo a lo que le hemos puesto ese nombre. Y si somos completamente honestos con nosotros mismos, podemos darnos cuenta que usamos a las demás personas para "confirmar" lo que percibimos. Si la confirmación resulta positiva entonces aseguramos que eso que percibimos, sea cual sea el nombre que le demos, existe. Si por el contrario la confirmación resulta negativa, entonces dudamos de la existencia de lo que percibimos, o inclusive igualmente lo negamos. Como si la existencia o no existencia de algo dependiera de la opinión de la mayoría. Como si la existencia de las cosas fuera solamente un gigantesco acuerdo de que existe. ¿Existen las cosas? ¿O son sólo interpretaciones de percepciones que derivan de un repetido acto de confirmación que llevamos a cabo sin cesar?

Pero no todos pueden ver el arcoiris en un momento dado, aún cuando se encuentren mirando hacia la misma dirección que nosotros, los que sí podemos verlo. Como ellos no lo pueden ver, para ellos no existe. ¿Qué hacemos entonces para convencerlos de que existe? Para convencerlos de que existe, les pedimos entonces que se cambien de lugar. Les pedimos que se desplacen en el espacio hasta donde estamos nosotros para que puedan verlo. O sea, para que también puedan percibirlo. Pero ¿qué pasaría si ellos no pudieran desplazarse hasta donde estamos nosotros? ¿Cual sería la conclusión a la que ellos llegarían si ellos no pudieran cambiar su perspectiva? Sencillamente no creerían que existen los arcoiris. ¿Verdad? En ese caso, entonces ¿cómo los convenceríamos de que el arcoiris existe? O de otra forma, ¿cómo nos convencerían ellos a nosotros de que lo que decimos ver, en realidad no existe?

Interesante, ¿verdad? Estas interrogantes no son ociosas. Llevan en el fondo algo que debemos tener en cuenta en nuestras observaciones durante nuestra vida diaria, y sobre todo, durante nuestras observaciones metódicas al seguir rigurosamente el Método Científico para realizar nuestros experimentos. Lo que a mí me sorprende de todos estos razonamientos, es la gran similitud que tienen cuando se aplican a lo que llamamos: tiempo.

Verás, con el "tiempo" suceden muchas de las cosas que suceden con el arcoiris. Así como al arcoiris le atribuímos características que tienen los materiales, como el de que "allí está", suponiendo con eso que "existe", así al tiempo le atribuímos características que tienen los materiales, como el de que "fluye", o el de que "transcurre". En otras ocasiones nos atrevemos a suponer que podemos "viajar" a través de él, como si acaso fuera una masa de agua o de aire a través de la cual se viaja. En otras tantas decimos que "se mueve", ya sea lento o aprisa. Y no olvidemos a la Física moderna que ha adoptado la fantástica idea de que "se elonga". Todas estas son características que tienen los materiales. ¿Es acaso el tiempo un material? ¿Piensas tú que sí? ¿Es una sustancia? ¿Tú qué crees? O mejor dicho ¿tú qué percibes? Te pediría que lo pensaras bien, pero por esta vez te voy a pedir exactamente todo lo contrario.

Para percibir claramente es necesario dejar de pensar. Así que dejemos por un momento de pensar para poder percibir claramente el tiempo. Detengamos por un momento nuestra muy arraigada costumbre de interpretar constante e indiscriminadamente todo lo que percibimos. ¿Qué percibes tú? ¿Alcanzas a percibir algo? Intenta nuevamente. Es difícil, lo sé. Pero no te culpes. Estamos excesivamente acostumbrados a pensar, a interpretar, a razonar. Así se nos ha enseñado. Llevamos toda la vida tratando de perfeccionar la técnica de pensar. ¿A quién no le han alzado la voz alguna vez diciéndole PIENSA, cuando se nos ha dificultado discernir algo? Se nos ha dicho eso tantas veces que se nos ha metido muy hondo. Pues ahora se trata de hacer todo lo contrario. Se trata de detener una práctica cotidiana de años de arraigo en nuestro comportamiento. Pensar es un muy arraigado hábito. Es casi un vicio. Está tan arraigado que lo hacemos automáticamente como un acto reflejo. Nuestro hábito de interpretar lo realizamos inclusive inconscientemente.

Bien. ¿Qué fue lo que percibiste? ¿Nada? Intenta nuevamente. Trata de agudizar tus sentidos de percepción y dales la oportunidad de percibir el tiempo. Nada puede escapar a nuestro poder de percepción cuando logramos detener nuestro hábito de pensar. ¿Ya lo lograste? ¿Lograste percibir el tiempo? Bien, descansa. Detener el hábito de pensar puede ser agotador cuando no se tiene práctica. Ahora entreguémonos a nuestro añejo hábito sin reservas: nuestro hábito de pensar.

Si toda la gente dice que el tiempo existe, entonces es porque debe ser cierto. ¿O no? Todos hablan del tiempo. Actúan de acuerdo a lo que entienden del tiempo. Dicen que lo miden y actúan de acuerdo a esas mediciones. ¿Acaso no andan todos apurados que porque el tiempo se les vá? ¿Qué es lo que se les vá? Nunca jamás he podido percibir el tiempo cuando se le vá a alguien, pero sí he percibido que mucha gente se queja de que se le vá. ¿Qué se les vá? ¿Será algo que existe? Igualmente esas mismas personas dicen que el arcoiris existe. ¿O no?

Hasta donde yo he podido interpretar mis propias percepciones, sin utilizar a otra persona como herramienta de confirmación, he concluído que el tiempo no existe. He concluído que es una ilusión. Igual al arcoiris. El tiempo cambia conforme se adapta nuestra interpretacion a lo que sucede. ¿Acaso no vivimos una cantidad distinta de experiencias cuando estamos despiertos que cuando estamos dormidos? Dormimos diez minutos y soñamos que hacemos cosas que debieron haberse vivido en horas, a veces días. Pero es que estamos dormidos, dirás tú, y en los sueños todo puede suceder. Y tienes razón. ¿Pero acaso no sucede lo mismo cuando estamos despiertos? ¿Cómo saber que estamos despiertos, por principio de cuentas? ¿Quieres discutir ese tema también? Muy bien. Ahí te va. Yo he soñado que despierto de un sueño, y hasta me he pellizcado para asegurarme de despertar, y me ha dolido el pellizco y justo cuando he alcanzado la seguridad de que estoy despierto, entonces despierto. ¿Cómo saber cuándo desperté? ¿Desperté? ¿Cómo saber que no estoy dormido todavía, y que en lugar de eso estoy soñando que te estoy escribiendo todas estas cosas? Cuando soñamos, siempre estamos seguros de estar viviendo el sueño. Si nunca despertáramos, jamás sabríamos que nos hemos quedado dormidos y que sólo estamos soñando. ¿O si? ¿Qué te parece eso?

Pero volviendo a nuestro tema, para estar seguros de lo que vivimos y clasificarlo como real, siempre dependemos de la opinión de los demás. Pero, ¿existen ellos también? Si no podemos asegurar que estamos despiertos, entonces ¿cómo podemos asegurar que las voces de los demás no son sólo las voces de nuestro interior? Voces que creamos en nuestro sueño y que por lo tanto son nuestra propia voz disfrazada ante nosotros de la de alguien más. Necesitamos constantemente la opinion de los demás para obtener una confirmación, no de lo que percibimos, sino de lo que interpretamos de aquello que percibimos.


¿Cómo percibe el tiempo un mosquito? Unos cuantos días le alcanzan para vivir una vida plena y completa. En esa vida el mosquito seguramente obtiene todas las experiencias de vida que necesita para sentir que ha vivido una vida abundante y plena de experiencias. ¿Cómo sabemos que no somos mosquitos percibiendo el tiempo a nuestra manera? ¿Cómo lo perciben los microbios? ¿Cómo lo percibe la Tierra?

El tiempo se deforma, según la Física moderna. ¿Pero se deforma igualmente para todos? Esta sola pregunta prueba que necesitamos confirmación de nuestras interpretaciones para crear nuestra realidad. Si no obtuviéramos confirmaciónes de nuestras percepciones no crearíamos la realidad que creamos constantemente. Tendríamos una opinión distinta acerca de la existencia o no existencia del arcoiris, y del tiempo. ¿Pero qué es la confirmación? ¿Como podemos describir a otros una experiencia que es por principio intransferible? ¿Como describir a otro a qué sabe una fruta que nunca ha probado?

La verdad aterradora es que el tiempo es sólo una ilusión, al igual que el arcoiris. Al serlo, podemos cambiarlo al cambiar nuestra interpretación de él, o nuestra perspectiva. Pero en ese caso, debido a nuestra muy arraigada manía cultivada durante tantos años, volveremos a buscar confirmación en lugar de aceptar el hecho tal cual es. Ahora que lo sabes, ¿tú qué harás?

Tú puedes verificar todo esto por tí mismo. No necesitas un grado académico para comprender todo lo dicho, ¿o sí?.

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